Cuando tenía 16 años, mi mamá me regaló mi primer computador para mi cumpleaños. Con internet se me abrieron las puertas al descubrimiento musical. De repente me di cuenta de que, mientras yo crecía, en otros rincones del mundo miles de bandas nacían, morían y dejaban su huella en un universo que yo recién estaba conociendo.
Una de las que más me marcó fue The Cribs. Mi relación con ellos debe ser la más larga que he tenido en la vida (sin contar los casi 25 años de amistad con la Belén, también fan de estos cabros. Dato rosa: Belén en inglés es Crib).
Todo empezó buscando rarezas de The Strokes en la aplicación más legendaria y tránsfuga que jamás existió: ARES. Entre tanta descarga pirata apareció un disco que al principio me costó enganchar: el homónimo The Cribs (2004). En ese momento ya tenían dos discos, pero yo estaba recién poniéndome al día con el primero.
The Cribs entregan ese sonido garage rock/post-punk revival que definió una época, pero con la gracia de que nunca se traicionaron. Su esencia se ha mantenido intacta y esa honestidad es lo que los vuelve especiales.
En 2017 lanzaron su último álbum de estudio, 24-7 Rock Star Shit, un disco crudo y directo que pilló de sorpresa a muchos fuera de Europa. Porque The Cribs son de esas bandas que pudieron haber sido gigantes en el mainstream, pero decidieron no jugar ese juego.
Lo explica bien Ryan Jarman en una entrevista con un medio mexicano:
Y así, casi sin querer, se convirtieron en una banda de culto. Un grupo que le habla a un público honesto, que los aprecia tal como son. No buscan la fama ni la fortuna: prefieren seguir en su volá de músicos antes que transformarse en “estrellas”."Preferimos dejar pasar muchas cosas que no nos llamaban la atención. Cosas que la gente nunca se iba a enterar, pero que para nosotros fue importante rechazar. No quisimos tocar en Top of the Pops, por ejemplo, las dos o tres veces que nos invitaron. Pudiéramos haber llegado al mainstream, pero eso no es quienes éramos ni quienes somos".

No hay comentarios:
Publicar un comentario